Fotografía analógica. Seducción en la época digital. | Nacho Rivera
La fotografía analógica me conquistó. Desde entonces, palabras como carretes, papeles, cuarto oscuro, revelador o blanco y negro forman parte de mi día a día. Esta es nuestra historia.
Hasselblad, fotografía analógica, carrete, viajes, formato medio, blanco y negro, Nopo, Leica, RevelaT
16467
post-template-default,single,single-post,postid-16467,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1,vc_responsive
 

Fotografía analógica. Seducción en la época digital.

Camaras de fotografía analógica en salar de Uyuni de Bolivia © Nacho Rivera

Fotografía analógica. Seducción en la época digital.

Fotografía analógica. Seducción en la época digital.

 

La fotografía analógica me conquistó. Desde entonces, palabras como carretes, papeles, cuarto oscuro, revelador o blanco y negro forman parte de mi día a día. Esta es nuestra historia.

 

  • Cruce de miradas.

 

Cuando empezaba en la fotografía, hace más de dos lustros, términos como HDR, Flickr, Mellado o Canonistas empezaron a ser familiares para mí. Las pruebas de profundidades de campo, las salidas nocturnas, los paisajes, todo era fascinante. No podía parar de fotografiar cuanto se ponía en mi camino, y los viajes se convertían en una excusa perfecta para dejarme llevar por el hambre insaciable de disparar. Así estuve unos cuantos años, hasta que, tras muchas fotos capturadas, muchos museos y muchos libros, mi interés empezó a tomar otro camino.

Un día ocurrió algo, mi atención se detuvo en una serie de retratos realizados en una boda ( sí, una boda) y decidí descubrir qué había detrás de esa nueva dimensión. Era la primera vez que nos cruzamos las miradas de manera consciente. El formato medio y la fotografía analógica me habían tirado los tejos.

Cuando contemplaba una fotografía hecha con alguna de estas cámaras, mi curiosidad se multiplicaba; me entraban ganas de tocarla y de bucear en la profundidad visual que proporciona el formato medio.

Entonces pequé. No lo pude resistir y caí en la tentación: una Hasselblad se coló en mi vida. Nos miramos, nos tocamos y entré con ella en el mundo de los cuartos oscuros. Me llevó por el sendero de la lujuria y la perversión fotográfica. El olor, la luz, el tacto, el orgasmo al ver aparecer la imagen hasta ese momento latente… El placer argéntico. ¿Sabéis de qué os hablo?

Desde ese momento, nada volvió a ser igual. Me pillé y empezamos a salir…

 

  • Las primeras citas.

 

Desde el principio, el blanco y negro nos acompañaba donde quiera que fuéramos. Nos gustaba el look minimalista y sencillo que da el grano del HP5 de Ilford y las noches agitando las películas eran pura pasión. Empezábamos a conocernos y estábamos encantados.

Salíamos, quedábamos con amigos y surgieron las primeras escapadas de fin de semana. Por aquel entonces aún nos acompañaba alguna cámara digital, pero se quedaba simplemente sujetándonos las velas, algo que a ninguno de los dos nos gustaba demasiado, por lo que tras un viaje lleno de jazz a Praga, acariciando su maravilloso y sexy cuerpo, le pedí que fuera mi pareja… Ya no necesitábamos carabina digital. ¡Éramos libres!

No convertimos en los raritos, casi todos nos miraban con recelo, no entendían por qué estábamos juntos. A pesar de nuestra más que patente diferencia de edad, yo aprendía mucho con su compañía y su sabia paciencia; me obligaba a mejorar día a día.

Pensar tres veces antes de disparar es un reto creativo casi olvidado. No autocomplacerte con el resultado inmediato de ver la fotografía, es otra apuesta por la mejora. Mis referentes cambiaron y la experiencia del acto fotográfico también, la calma y el misterio del proceso me parecían orgásmicos.

Con el tiempo empezamos a conocer a más parejas así. Todas ellas mantenían relaciones sanas, llenas de creatividad y entre nosotros no entendíamos el recelo del resto del universo fotográfico; reivindicábamos nuestro espacio como relaciones normales incluso en la era digital y cada día éramos más. Se organizaban festivales como el RevelaT, exclusivos para nosotros y allí éramos muy felices compartiendo experiencias con gente como nosotros. Grandes formatos, cámaras estenopeicas, colodiones húmedos, gente que se hacia sus propias cámaras gigantes… Era alucinante… Hasta había alguno que usaba cajas de cerillas para hacer fotos. La bomba.

 

  • El viaje.

 

Nuestra relación iba viento en popa, pero quisimos probarnos con retos más difíciles e importantes que nos unieran aún más. Hicimos la maleta y nos embarcamos en un muy viaje muy largo sin destino fijo.

Fue una especie de luna de miel no muy habitual, ya que duró más de ocho meses y pudimos visitar más de diez países. Nos volvimos inseparables, no podíamos estar el uno sin el otro, estuviéramos dónde estuviéramos: calles sudorosas en Bangkok, safaris en Sri Lanka, templos en Myanmar, arrozales en Vietnam, volcanes en Indonesia, desiertos surrealistas en Chile, Iglesias en Bolivia, ruinas increíbles en Perú a más de 4.000 metros de altura… Disfrutábamos de cada día juntos como si tuviéramos quince años.

Para entonces la familia había crecido. Nos acompañaban una maravillosa cámara telemétrica de 35 mm y otra preciosa cámara estenopeica de madera, creada por las manos de un artesano en un taller en Madrid, llamada Nopo. El avituallamiento para aquella gran familia era también importante y decenas de rollos de película en blanco y negro proporcionados por unos locos amantes de lo argentino llamados Sales de plata nos alimentaban en cada jornada . Toda una fantástica odisea. Altas y bajas temperaturas, ambientes muy húmedos, desiertos secos, máquinas poco amigables en aeropuertos… No fue nada fácil, pero llegamos a buen puerto.

 

  • Los churumbeles.

 

Tras el viaje y con la relación más que afianzada, decidimos mudarnos a Londres y criar a nuestra pequeña nueva familia lejos de nuestros lugares de origen. Les hemos puesto unos nombres un tanto extraños, pero pensamos que les describen a la perfección. Durante todos estos años se han ido gestando hermosos críos como: “Slaves”, el mayor de la familia; “Pure”, que vino con un pan bajo el brazo; “Instinct”, el rarito; o “Godless”, que nos transmite mucha paz interior. Pero no serán los únicos, actualmente se siguen gestando varios más, que en breve os presentaremos en sociedad.

 

  • El futuro

 

Siempre intentamos pensar en el presente y disfrutarlo al máximo, es nuestra premisa, pero de vez en cuando uno ojo se despista y mira al frente. Allí vemos más viajes, más pasión, más cultura y muchas fotografías con olor a fijador y con brillo de plata.

Además, parece que las noticias de este último año para los amantes de la fotografía química son muy positivas: los señores de Kodak, sin ir más lejos, anunciaron que preparan una reedición de uno de sus grandes éxitos: la película Ektachrome volverá a fabricarse.

La fotografía analógica está más viva que nunca. ¿Te unes a la secta?


Si te han entrado ganas de aprender fotografía, te invito a que eches un vistazo a los talleres que imparto en Londres. ¡Espero verte pronto!

No Comments

Post A Comment